28 sept 2008

Carta de espadas (n°VIII)



Con las manos atadas
a una espalda invisible
y una venda que cae
como mansa pluma

Héle, ahí,
la verdad,
desnuda.

Y una sonrisa
siniestra,
enhiesta,
desdibuja mi coraza.

Cada vez que vuelva a caer
en la desazón del tiempo ido,
la contemplación de la marea,
[rompiente salva de olas
al compás del viento ]
saltaré,
en picada,
sin resquemores
sobre las rocas (y despeñaderos)
desiertos.

[¿Raindrops keep fallin' on mi head?]

Y tu visceral hipocresía
se lamenta de
evocarme,
pensarme,
soñarme,
odiarme.

Vete a dar un paseo
a ese confín donde nadie podrá encontrarte

[No te preocupes,
yo haré lo mismo...]

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