22 ene 2009

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Perderé otros diez mil amaneceres
siguiendo el rastro lunar
de tus manos

Y el mundo cogitará, por un instante,
cuando las perdices se nieguen a finalizar los cuentos
[que alguna vez oíste a alguna anciana narrar

Disuade al ansia de buscarme
en ese recodo del espejo
[donde nos dábamos citas

Con las alas de la razón mundana,
a la sazón refugio del ciego entumecido
me adentraré en un sendero ignoto
cuando el arte de esperar
haga estallar el verdor, el temor,
el silencio
que rehuyó
tu/ mi
naturaleza mezquina.

2 comentarios:

Lex dijo...

Es que no hay otra naturaleza que no sea mezquina.
Porque huye-oye
(del logos)

heracliteanamente (des-oye el logos) la verde-verdadera naturaleza de espera

Saludaciones

C. dijo...

Pero ¿cuál es el afán de huir del logos? Cuando este se equipara con la ratio, tendría que hacer las veces de anclaje a una torva realidad, cuanto menos.