
Perderé otros diez mil amaneceres
siguiendo el rastro lunar
de tus manos
Y el mundo cogitará, por un instante,
cuando las perdices se nieguen a finalizar los cuentos
[que alguna vez oíste a alguna anciana narrar
Disuade al ansia de buscarme
en ese recodo del espejo
[donde nos dábamos citas
Con las alas de la razón mundana,
a la sazón refugio del ciego entumecido
me adentraré en un sendero ignoto
cuando el arte de esperar
haga estallar el verdor, el temor,
el silencio
que rehuyó
tu/ mi
naturaleza mezquina.
2 comentarios:
Es que no hay otra naturaleza que no sea mezquina.
Porque huye-oye
(del logos)
heracliteanamente (des-oye el logos) la verde-verdadera naturaleza de espera
Saludaciones
Pero ¿cuál es el afán de huir del logos? Cuando este se equipara con la ratio, tendría que hacer las veces de anclaje a una torva realidad, cuanto menos.
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